Estábamos en necesidad y Cristo vino en nuestro auxilio.

Estábamos desesperados, y el Hijo de Dios se hizo Hijo del Hombre, nacido en carne humana. Nos estábamos extraviando, y Jesús nos mostró el camino por medio de su vida perfecta. Estábamos muertos en nuestros pecados, y Cristo murió para que pudiéramos vivir. Estábamos confundidos y sin esperanza, y Jesús nos dio esperanza; salió de la tumba, victorioso sobre el sepulcro. Necesitábamos acceso libre al Padre, y Cristo ascendió al cielo, donde intercede por nosotros. Éramos impotentes, y Jesús envió a su Espíritu para morar en nosotros, guiarnos y ayudarnos cuando estamos en necesidad.

“Ayuda”. Un paráklētos es alguien que presta ayuda. Esta palabra aparece solo cinco veces en el Nuevo Testamento y únicamente en los escritos de Juan (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7, en referencia al Espíritu Santo; 1 Juan 2:1, en referencia a Cristo). El término griego paráklētos (παράκλητος) ha sido traducido como “Ayudador”, “Consolador”, “Consejero” o “Abogado”. En su uso más común, paráklētos es un término legal. Imagínate que estás en una sala de juicio, acusado de un delito. Desesperado y solo, ¿cómo convencerás al juez de tu inocencia? Necesitas un portavoz, alguien que defienda tu caso en tu nombre. Necesitas a alguien que venga en tu auxilio. Necesitas un paráklētos.

En cuanto al pecado y la salvación, donde todo está en juego, por la gracia de Dios tienes dos ayudadores.

Cuando esperábamos el justo juicio por nuestros pecados en el tribunal celestial de Dios, Jesús vino en nuestro auxilio. Al morir en nuestro lugar, Cristo nos dio su justicia, de modo que, cuando el Padre nos mira, ve a Cristo. Y cuando inevitablemente caemos en pecado, “tenemos Abogado (paráklētos) para con el Padre, a Jesucristo el Justo” (1 Jn. 2:1, NBLA).

Pero eso no es todo: también tenemos “otro Abogado” (Jn. 14:16, NTV): el Espíritu Santo. Jesús regresó al cielo, donde nos brinda auxilio celestial, y ha enviado a su Espíritu para ayudarnos aquí en la tierra. El Espíritu es la presencia auxiliadora que viene en nuestra defensa cuando volvemos a caer en las garras del pecado del cual Cristo nos liberó. Cuando el mundo intenta dejarnos hambrientos con sus mentiras, el Espíritu nos nutre con la verdad.

El Espíritu es “otro Ayudador” porque señala al Ayudador, Jesucristo, quien vino en nuestro auxilio y ahora intercede por nosotros ante el Padre. El Espíritu conecta a Cristo en el cielo con su iglesia en la tierra. Además, gracias a estos dos Ayudadores, tenemos todo lo que necesitamos para vivir una vida que honra a Dios y tenemos una esperanza segura de vida eterna con el Dios trino.

Cuando necesitábamos ayuda desesperadamente, Dios envió un Ayudador y luego envió a Otro.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.[1]


[1] El Gloria Patri es un credo o himno anónimo de la iglesia primitiva. También se conoce como “la Doxología menor”. Véase también Scott Aniol, ed., Psalms and Hymns to the Living God (China: G3 Ministries, 2023), n.º 161.

Torey J. S. Teer

Antes de enseñar en DTS, el Dr. Teer sirvió en diversos cargos en The Southern Baptist Theological Seminary, principalmente ayudando a los estudiantes a mejorar su escritura y estilo. También ha enseñado en varios contextos de ministerio eclesial, incluyendo ministerios con estudiantes universitarios y adultos solteros. Como editor profesional, el Dr. Teer también trabaja en una variedad de proyectos, entre ellos libros publicados, proyectos doctorales y artículos académicos. Sus intereses de investigación incluyen la Trinidad, el Espíritu Santo y la historia de la iglesia primitiva, particularmente los padres de la iglesia del siglo IV. Está casado con Elizabeth y viven en Dallas, Texas.